En el Calvario
del Convento
con la espada del
tormento
estaba la Virgen
Bendita,
de la primera
Casa Carmelita,
siendo su alma
traspasada
por una afilada
espada.
Queriendo abrazar
al Crucificado,
Cristo, Jesús su
Hijo Amado.
El Señor de la VeraCruz,
el más hermoso
rayo de Luz
que su Sangre ha
derramado
para el perdón
del pecado.
La Soledad de
María
mientras el Hijo
pendía
de aquella forma
dolorosa,
tras la senda
tortuosa,
que al Dios
Verdadero
hace inmolado
Cordero.
A pesar del Gran Dolor,
de la Fuente del
Amor,
no se aparta la
Señora.
Viendo llegar la
hora
de en su regazo
llorar
a quien dio de
alimentar.
Y el Discípulo
querido,
con el rostro
compungido,
es nombrado Hijo
dando a María
Cobijo,
con todo su
sentimiento
desde aquel mismo
momento.
He aquí la
plegaria,
de vida tan
necesaria,
a la Antíquisima
Hermandad
hoy de Sangre y
Soledad.
La VeraCruz de Gibraleón,
inmemorial es su
devoción.
Texto: José
Antonio Rodríguez Ángel
En Gibraleón a 14
de Junio de 2026
CDLXXV Aniversario Hermandad VeraCruz de Gibraleón
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