Santa Ana por Dios amada,
y de todos alegría,
sed siempre nuestra abogada,
pues sois Madre de María.
Por vuestro
inmenso favor,
y celestial dignidad,
alcanzadnos del Señor,
misericordia y piedad.
Siendo Madre de
la Reina,
que es del cielo Emperatriz,
vuestra intercesión divina,
hace al mortal muy feliz.
Asistidnos con
favor,
en la última agonía,
sed nuestra amparo y guía,
ante el divino Señor.
Imagen: Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Bartolomé Esteban Murillo. Museo del Prado
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